Cuando Dios visito Los Cabos.

Esta temporada ciclónica esta resultando  muy activa desde el principio, por esto les queremos compartir el articulo que se escribo el año pasado en la revista de la edición 4  «Cuando Dios Visito Los Cabos»,

Espero les guste y la compartan, igual si quieren descargar gratis la edición lo pueden hacer aquí.

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Durante mucho tiempo se habló de la posibilidad de que un fenómeno hidrometeorológico del tipo ciclón tropical por arriba del huracán de categoría 2 tocara las costas de Baja California Sur este hipótesis se cumplió el pasado 14 de septiembre del 2014 cuando nuestras peores pesadillas fueron hechas realidad y Los Cabos se sumió en un grito de ayuda.

 

El huracán Odiel fue formado frente a las costas Guerrero con una expectativa reservada y con una trayectoria posible desde su inicio al municipio de Los Cabos en baja sur. Los primeros reportes fueron a decir verdad, tomados con poco interés e incluso incredibilidad en la trayectoria que ya desde su inicio marcaba una tendencia a la zona de baja california sur.

 

Todavía era el 13 de septiembre y la vida corría normalmente en Los Cabos incluso los preparativos para la próxima realización del tradicional desfile militar se llevaba con normalidad, hasta este punto el rumor de la proximidad del ciclón tropical y la posible trayectoria de empezó a alertar a la comunidad más no a las autoridades, que todavía en sus reuniones del consejo de protección civil los puntos a tratar seguían siendo el tener precaución —sin marcar una sola estrategia viable para la gravedad de la tormenta— funcionarios dando explicaciones de la gravedad del fenómeno haciendo soliloquios de recuerdos de antiguos fenómenos, explicaciones meteorológicas, en fin, reuniones sin fin, sin objeto de ser, más que un club de elogios mutuos.

 

 

La sociedad empezaba a desesperarse era ya la tarde del 14 de septiembre del 2014 y empezó a verse compras de pánico; supermercados abaratados, gasolineras atascadas y gente con bidones de gasolina en colas interminables. La ciudad reflejaba lo que en unas horas se estaría desencadenando.

Las instancias de seguridad seguían sin entender a lo que se enfrentarían y que horas más tarde la naturaleza nos recordaría lo frágil que somos.

Así paso la mañana y medio día del 14 de septiembre entre colas interminables de carros y gente en los súper mercados y tiendas de la esquina.

La primera acción real en la contingencia y que marco el inicio de las  operaciones,  debo decir, fue el aviso de la Comisión Federal de Electricidad «Se suspenderá el suministro de electricidad a las 18:00 hr.» así empezó la travesía del huracán Odiel en Los Cabos.

 

La primera acción que realiza el Comité Municipal de Protección Civil fue » estamos en alerta roja, empecemos la evacuación general de las zonas de riesgo». Si es irónico, decretan el estado máximo de alerta a pocas horas de sentir los efectos del Odile y empiezan la evacuación. En términos estrictos en este estado de alerta todos deberíamos de estar ya refugiados incluyendo a los equipos de urgencia y seguridad. No fue así, la gente hasta antes de este alertamiento podía decidir o no si iría a un refugio temporal por lo que  debemos aceptar que la evaluación aúnque muy difícil fue relativamente rápida en el sentido que la gente ya estaba en pánico   situaciones que aumentaría fue algo que quisiera denominar murmuraciones urbanas «no va a ver gasolina durante un mes,  los alimentos no alcanzaran para todos» y más que llegaron con la oscuridad y la desolación de las calles.

 

Huracan_ODILE_20140239No recuerdo con exactitud la hora con la que empezó a sentirse las primeras rachas de vientos en Los Cabos pero  aproximo eran las 20:00 horas; ya sin luz y todos encuartelados en la estación —algunos con nuestras familias— empezamos a ya sabes: tomar café caliente, preparar algo de cenar y asignación de tareas para lo que esperábamos seria una jornada larga de trabajo. Aún a estas horas todavía  llegaban algunos voluntarios que se alistaban para las actividades. Empezando así nuestras actividades por el Huracán Odile.

 

Una noche obscura,  fuertes rachas de vientos superiores a los 200 km por hora y lluvias moderadas era el clima con el que estábamos enfrentándonos, el cascabeleo de las puertas y el crujir de algunas estructuras era los sonidos que coreaban y acompañarían toda la jornada nocturna; de pronto una orden: «muevan a todo el personal del dormitorio de hombres al dormitorio mujeres» apenas salió el ultimo de nuestro personal y como de película los cristales estallaron uno a uno hasta dejar todas las ventanas sin cristal, después un golpe fuerte en el techo, la antena de radio de más de 10 mts. de altura se colapso y cayó en el techo dejándonos sin comunicación con las otras estaciones de atención instaladas en la ciudad. En las oficinas se escucha un trueno, las ventanas se rompe. Se escucha otra orden » todo el personal con casco y visera colocados eviten salir de dormitorios». La chicharra de emergencias empieza a sonar sin parar una llamada tras otra, reportes seguidos llegan a la comandancia; mucha personas que no evacuaron horas atrás hoy estaban solicitando ayuda para salir de sus casas y refugiarse en algún otro lugar más seguro.

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¿Cómo valorar las vidas? ¿Cómo saber cuál vida debes arriesgar? la del personal que ha dedicado su vida  para ayudar y servir a su prójimo o la de las personas  que no siguió indicaciones de seguridad que fueron dadas con anticipación para evitar que se encontrara en esta situación. Justo en este momento me cubrió un sentimiento contrastante de tranquilidad y preocupación, no era yo quien tenía que tomar la decisión, —lo que me daba tranquilidad— pero estaba mi jefe que en estos momentos más que en cualquier otro era un bombero como cualquiera y que tomo a mi parecer una de las decisiones más difíciles de su mando.

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Bomberos CSL en trabajo rehabilitando caminos

Este pensamiento desde ese día ha invadido en muchos momentos mi mente y creo que seguirá haciéndolo. Sólo  espero algún día alguien o yo mismo pueda encontrar una decisión aceptable sin  un ¿Por qué? en la respuesta.

 

Huracan_ODILE_20140026En este caso en particular se escucha «necesito los equipos XX y YY, primero sale a la colonia Lomas y el segundo a Jacarandas» esos momentos son preocupantes ver a tus compañeros prepararse para salir en esta situación —en otros momento sería lo más cotidiano— las indicaciones y recomendaciones de seguridad son indiscutibles para los compañeros, los oficiales de guardia y de equipo revisan y vuelven a revisar las rutas que seguirán y que se especula están libres de escombros y las más rápidas para poder llegar a ayudar. Abordan la unidades y se escucha todavía «todos con cinturón y casco» así con destellos rojos y azules se ven alejarse en diversas direcciones a los compañeros, ya en estos momentos sin comunicación directa con el puesto de mando solo puedes contar con tus compañeros, la suerte y la fe de que todo saldrá bien y estarán de regreso muy pronto.

 

Así paso la primera parte de la noche en Odiel, de pronto una quietud y silencio espectral. Los oficiales empiezan a salir y a dar indicaciones: «nadie salga hasta que se dé la orden,» «prepárense es solo el ojo del huracán» «revisen de inmediato que todos estén bien» así que se escucharon por varios lados del cuartel, «estamos bien». En ese corto tiempo que estimo  no supero la hora —por qué ya no teníamos razón del tiempo— empezaron los recuentos de los primeros daños: ventanas rotas, antena caída, áreas completamente mojadas y destruidas por los vientos, cables y postes de la luz caídos, árboles que por más de 80 años estuvieron ya  no estaban, fueron arrancados de raíz de la tierra. Fueron las primeras imágenes que nos hizo entender lo que venía, no obstante una imagen nos reconforto a todos. De dos diversos lados se veían destellos de luz roja y azul, eran nuestros compañeros, regresaban de su misión haciendo honor al lema de  bomberos de Cabo San Lucas » Servir Hasta Morir».

 

Muchas cosas pasaron después: desorden, saqueos, rapiña, falta de ingobernabilidad en nuestro municipio fueron lo que salió a la luz pública, no obstante parafraciando  al maestro Facundo Cabral » Por cada bomba que caí, existen miles de besos y abrazos, solo que las primeras hacen más ruido» por eso hoy también quiero dar fe de que hubieron hombres y mujeres de todas las edades y credos que después de que Odile nos devasto y nos sumió en nuestra peor pesadilla de emergencia, salieron a la calle con escoba, palas, picos, pinzas eléctricas, incluso con la única herramienta que les había dejado el huracán, sus manos  para reactivar los caminos, sus hogares, negocios, de pronto ayudaban a su amigo o vecino que se le había volado su techo por otro lado ofrecían un vaso de agua al vecino u amigo que perdió todo. Mis compañeros de todas las división incluyendo grupos juveniles que pasaron al huracán en la estación y otros tantos que empezaron a llegar instantes después de pasar el huracán y que  extendieron su ayuda por más de 15 días con la única visión de servir hasta morir.

 Hoy siguen demostrando porque son bomberos y porque ostentan el lugar que la sociedad les ha dado: HEROES.

 

 

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